Si Víctor Hugo tuviese que reescribir su
famosa novela Los Miserables, cuyo centro es la vida de un personaje pobre que
pasa por una serie de vicisitudes dada su condición social, tal vez haría que su
protagonista se concentrara en una miseria más grave y más triste, aquella que
proviene de la avaricia y de la mezquindad a toda costa. Es la miseria de los
grandes ejecutivos que precipitaron la crisis subprime que ha tenido de
rodillas a Estados Unidos y Europa los últimos años y que en Chile se
manifiesta de cuando en cuando con denuncias que habitualmente afectan a
sectores modestos. El caso de
El Directorio de la empresa intentó deslindar
responsabilidades aduciendo que fue el área de créditos la que manipuló los
resultados mediante prácticas que empujaron a sus clientes a presentar
numerosos reclamos al Sernac y que hizo aumentar artificialmente el valor de
las acciones de
¿Pudo el directorio desconocer esta trama a lo largo de tantos años?. Si es así habría que pensar que los mandos medios son maestros en el camuflaje, más aún si consideramos que más del cuarenta por ciento del negocio está puesto en los créditos y no en la venta directa. En ese caso no se trata de un área marginal para los resultados del negocio, sino de una parte relevante que debería ser bastante observada por los directores. Es posible que el Directorio considerara que los intereses y plazos se ajustaban a la realidad de su mercado, como salió a justificar un economista de derecha “se trata de gente que, de otro modo, no tendría crédito en ninguna parte”. Eso pareciera dar pie para que se esquilme a los clientes.
A mayor abundamiento también hay un porcentaje de personas, al parecer no menor, que recibió una generosa comunicación de la empresa post terremoto bajo el tenor que, atendido la gravedad de la situación, sus deudas automáticamente quedaban repactadas. Una afligida señora contaba en una entrevista en la radio que a un año de la catástrofe su deuda se incrementó en unos trescientos mil pesos y eso, como decía un anuncio años atrás, “sin moverse del escritorio”. Hay otros testimonios similares de esta supuesta ayuda que terminó siendo un descarado abuso y aprovechamiento, al parecer uno de los tantos que se propiciaron a partir de la catástrofe natural.
Si bien las consecuencias sociales son evidentes, la reacción del gobierno fue de una ambivalencia brutal. El ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, al salir de una reunión con el Presidente para analizar el caso y acelerar la creación de un SERNAC financiero, señaló que: "Los mercados están sujetos de vez en cuando a que ocurran accidentes. Así como existen los accidentes automovilísticos también existen los financieros. Las regulaciones en esta materia están bien hechas y van a devolver la tranquilidad a aquellos segmentos del mercado que estén intranquilos". Linda frase para decir que, lo que podríamos calificar como estafados, son para la autoridad “segmentos del mercado que pudieran estar intranquilos”. Por lo demás, son cosas que pasan y si las regulaciones están bien hechas ¿para que avanzar en una nueva institucionalidad como pretende el propio Presidente?.
Si bien posteriormente el Ministro de Economía ha anunciado mayores investigaciones, también ha tenido que reconocer su pasada vinculación comercial con al menos uno de los ejecutivos que forman parte de la empresa, el director Luis Hernán Paul. Pero este es un problema puntual para el gobierno, el lado más complicado es que varios directores de la empresa cuestionada también estaban designados en empresas públicas. Para disminuir eventuales críticas se les pidió (17 de junio) la renuncia a Heriberto Urzúa (Empresa portuaria San Vicente Talcahuano); Francisco Gana (Trenes Metropolitanos y ENAP); Martín Costabal (Empresa Concesionaria de Servicios Sanitarios); Luis Hernán Paul (SEP y ENAMI); y María Gracia Cariola (Sanitaria Essal). Al menos estas renuncias no han contado con manifestaciones públicas de solidaridad ni la parafernalia que se hizo con la salida de la ex Ministra Matte.
El gobierno ha intentado promover la idea que lo ocurrido
con
Existe una responsabilidad política no sólo por la nula
fiscalización en este ámbito, algo que la derecha ha venido resistiendo por
años, sino porque tampoco se ha avanzado en una institucionalidad que fue, una
vez más, promesa de campaña. Para que vamos a hablar de la pérdida en los
fondos de pensiones, de la probable quiebra de
